
Guía de lesiones y dolor articular
Aprende qué puede indicar tu dolor, cómo se diagnostican las lesiones y cuándo es importante acudir al traumatólogo.
Acerca de
Lesiones musculoesqueléticas explicadas de forma sencilla
En Tu Web de Salud Traumatológica encontrarás explicaciones claras sobre esguinces, fracturas, tendinitis y artrosis, con síntomas, causas habituales y opciones de tratamiento, para que entiendas mejor tu dolor articular y puedas hablar con tu especialista con mayor seguridad.




Síndrome del túnel del carpo
El síndrome del túnel del carpo es una de las causas más frecuentes de hormigueos y adormecimiento en la mano. Se produce cuando un nervio que pasa por la muñeca (nervio mediano) se ve comprimido en una zona estrecha llamada “túnel del carpo”. Este túnel se encuentra concretamente en la zona donde la palma de la mano se une con la muñeca.
Cuando ocurre esta compresión, el territorio inervado por el nervio manifiesta síntomas en la sensibilidad y en la movilidad.
¿Qué síntomas suelen aparecer?
Los síntomas más habituales del túnel del carpo son:
- Hormigueos en la palma de la mano.
- Adormecimiento de los pulpejos (yemas de los dedos).
- Sensación de debilidad o torpeza para sujetar y manipular objetos.
No todas las personas sienten lo mismo ni con la misma intensidad, pero estos signos son típicos de la compresión del nervio mediano.
Una de las características más frecuentes de este síndrome es que los síntomas son más intensos por la noche. Mientras dormimos, adoptamos posturas de la muñeca que favorecen que el túnel del carpo esté más comprimido de lo habitual. Esto provoca que nos despertemos por las molestias en la mano, y habitualmente, al movilizar la muñeca y cambiar la postura, los síntomas mejoran.
¿Por qué puede aparecer?
El túnel del carpo puede tener muchas causas o factores que lo favorecen. Entre los más frecuentes se encuentran:
- Movimientos repetitivos de la muñeca (trabajo manual, ordenador, herramientas vibrátiles).
- Enfermedades que favorecen la inflamación de los tendones o de los tejidos de la muñeca (por ejemplo, artritis reumatoide).
- Retención de líquidos, como puede ocurrir en el embarazo o en ciertas enfermedades hormonales.
- Traumatismos previos o fracturas en la muñeca que hayan cambiado el espacio dentro del túnel del carpo.
En muchas personas suele aparecer por una combinación de factores: tipo de trabajo, postura, predisposición individual, etc.
En la gestación es muy frecuente. Se estima que 1 de cada 5 gestantes lo presenta, aunque un estudio prospectivo ha llegado a identificar hasta el 65 % de las gestantes con clínica de síndrome de túnel del carpo en el tercer trimestre.
Además, en el embarazo suele ser bilateral.
Las causas asociadas al embarazo son los cambios hormonales que provocan retención de fluidos y edemas en el sistema musculoesquelético, así como la diabetes gestacional, que puede ser otro factor predisponente.
Hay varios estudios que han encontrado una correlación estadísticamente significativa entre preeclampsia y síndrome de túnel del carpo durante el embarazo.
¿Cuándo es importante consultar con un profesional?
Es recomendable que un profesional sanitario valore tu caso si:
- Los hormigueos, el dolor o el adormecimiento son constantes, te despiertan por la noche o interfieren con tus actividades diarias.
- Notas pérdida de fuerza progresiva en la mano, con disminución de la masa muscular de los músculos de la mano.
- Los síntomas empeoran con el tiempo en lugar de mejorar, o si no solo aparecen con determinadas posturas y no mejoran al cambiarlas. Es decir si los síntomas se vuelven constantes.
Un diagnóstico adecuado es clave y, dado que este síndrome comparte síntomas con otras enfermedades, en estos casos es preferible la valoración por un traumatólogo u otro profesional médico.
En el caso de que sea necesario hacer una prueba diagnóstica, los estudios de conducción nerviosa, como electromiograma, pueden ser útiles, aunque nunca deben de sustituir a una exploración clínica.
¿Qué puede ayudarte en términos generales?
Sin entrar en tratamientos concretos (que deben ser indicados por un profesional tras valorar tu situación), a muchas personas les puede ayudar:
- Mantener una postura neutra de la muñeca siempre que sea posible, evitando flexiones mantenidas hacia adelante o hacia atrás.
- Hacer pausas frecuentes si realizas tareas repetitivas con las manos (teclado, ratón, herramientas manuales).
- Usar férulas de descarga nocturnas si un profesional lo recomienda, para mantener la muñeca en una posición más relajada durante el sueño.
- Cuidar la ergonomía del puesto de trabajo (altura de la silla, posición del teclado y del ratón). Aquí te dejo el enlace hacia un reposamuñecas para el ordenador. Lo importante es que sea de un material viscoelástico para no producir compresión, y que a la vez evite que la muñeca se mantenga en hiperextensión.
- Consultar sobre ejercicios específicos para la movilidad y el estiramiento de la mano y la muñeca, guiados por un profesional de la salud. En este enlace puedes encontrar una guía para ejercicios de muñeca y mano de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física.
Rizartrosis (artrosis de la base del pulgar)
La rizartrosis es un tipo de artrosis que afecta a la articulación que hay en la base del pulgar , donde el pulgar se une con la muñeca (articulación trapeciometacarpiana).
Esta articulación es un lugar frecuente donde se manifiesta la artrosis, sobre todo en mujeres.
En esta articulación, el cartílago que recubre los huesos se va deteriorando con el tiempo, lo que puede provocar dolor, rigidez y dificultad para hacer ciertos movimientos.
Cuando el cartílago se desgasta, los huesos rozan más entre sí y la articulación puede inflamarse, deformarse y perder estabilidad.
¿Qué síntomas suelen aparecer?
Los síntomas más habituales de la rizartrosis incluyen:
- Dolor en la base del pulgar, sobre todo al pellizcar o agarrar objetos.
- Molestias al girar llaves, abrir tarros, usar tijeras o abrir pinzas.
- Sensación de pérdida de fuerza en el pulgar.
- Chasquidos o sensación de “enganche” en la articulación.
- Rigidez matutina o tras periodos de inactividad.
- En fases avanzadas, deformidad visible en la base del pulgar, apareciendo una especie de giba o joroba en su base.
Al principio, el dolor suele aparecer solo con actividades exigentes y mejora con reposo. Con el tiempo, puede hacerse más constante y limitar actividades cotidianas.
¿Por qué puede aparecer?
La rizartrosis no tiene una única causa, pero hay factores que pueden favorecer su aparición:
- Uso repetitivo de la mano y el pulgar (trabajos manuales finos, uso prolongado del móvil, ordenador, herramientas, etc.).
- Edad: es más frecuente a partir de los 45–50 años.
- Sexo: es más habitual en mujeres.
- Factores hormonales, especialmente en mujeres peri y postmenopáusicas.
- Antecedentes de lesiones previas en la mano o muñeca (fracturas, esguinces).
- Laxitud ligamentosa o articulaciones “hipermóviles”.
- Factores genéticos: cierta predisposición familiar.
En muchas personas no se identifica una causa concreta, sino una combinación de varios factores a lo largo del tiempo.
Es interesante señalar que hasta en un 50% de los casos se asocia a un síndrome del túnel carpiano.
¿Cuándo es importante consultar con un profesional?
Es recomendable valorar la situación con un profesional sanitario (médico de familia, traumatólogo, médico rehabilitador o fisioterapeuta) si:
- El dolor en la base del pulgar es frecuente y limita tareas diarias.
- Notas pérdida clara de fuerza o dificultad para sujetar objetos.
- Aparecen deformidades visibles o cambios en la forma del pulgar.
- El dolor no mejora con medidas sencillas de reposo relativo o analgésicos pautados por tu médico.
- Tienes dudas sobre el diagnóstico o temes que pueda tratarse de otro problema.
Un diagnóstico adecuado ayuda a descartar otras patologías y a plantear un plan de tratamiento adaptado a tu caso. En cualquier caso, la rizartrosis suele tratarse de manera conservadora la mayoría de las veces, reservándose la cirugía para casos muy sintomáticos o con mucha incapacidad funcional.
La técnica quirúrgica más utilizada es la artroplastia de resección con interposición ligamentosa, y las prótesis trapeciometatcarpianas.
¿Qué puede ayudarte en términos generales?
Sin entrar en tratamientos concretos (que deben individualizarse), algunas recomendaciones generales que pueden ayudar son:
- Modificar actividades que sobrecargan el pulgar (adaptar agarres, herramientas, posturas).
- Usar férulas de apoyo para el pulgar en determinadas actividades o en momentos de más dolor (indicadas por un profesional).
- Ejercicios específicos para mejorar la movilidad y la fuerza de la musculatura que estabiliza el pulgar. En este enlace puedes encontrar una guía para ejercicios de muñeca y mano de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física.
- Aplicar frío o calor local según tolerancia y fase del dolor.
- Cuidar la ergonomía en tareas repetitivas (ordenador, manualidades, herramientas).
- Mantener un estilo de vida saludable, incluyendo ejercicio regular y control del peso, que también influye en la salud articular global.
Condromalacia rotuliana
Este término tiene su origen etimológico del griego, chondros y malakia, que se traduciría literalmente como “reblandecimiento del cartílago”. El cartílago es el tejido que recubre al hueso en aquellas zonas donde hay articulación.
En el caso de la condromalacia rotuliana, el cartílago que se afecta es el de el hueso llamado rótula, que se articula con el fémur en la parte de delante de la rodilla. Cuando este cartílago sufre una sobrecarga que supera su capacidad de reparación, aparecen cambios en la superficie y en su estructura que condicionan la aparición de este síndrome.
Inicialmente estos cambios consisten en un reblandecimiento del cartílago en algunas zonas, con pequeñas deshilachamientos en la superficie. Con el tiempo, si la causa que lo ocasiona no cede, aparecen grietas en el cartílago que evolucionan hacia un endurecimiento del mismo. Finalmente, aparecerá una artrosis establecida ( es decir, se perderá el cartílago articular).
En las fases iniciales el cartílago tiene capacidad de repararse, pero en fases avanzadas el proceso se considera crónico y los tratamientos se dirigen a ralentizar el desgaste, mejorar la función y disminuir el dolor.
Su característica clínica más importante es un dolor que el paciente se señala en la parte anterior de la rodilla. Es por ello que la condromalacia rotuliana se agrupa dentro del Síndrome de Dolor Anterior de Rodilla. Dentro de éste se agrupan otras problemas con las inestabilidades y las malas alineaciones de la articulación femoropatelar.

¿Qué síntomas suelen aparecer?
Los síntomas más habituales de la condromalacia incluyen:
- Dolor: sordo y profundo. Característicamente aumenta al subir o bajar escaleras o al estar sentado durante tiempo prolongado o en posición de cuclillas. Irregular, no continuamente presente.
- Sensación de fallo articular, como su la rótula quisiera salirse parcialmente de su sitio.
- Crepitación o chasquidos al movilizar la rodilla: Este signo es frecuente en mujeres con dolor anterior de rodilla, pero su intensidad no se relaciona con el nivel de dolor ni actividad física del paciente. Además, este síntoma tiene una incidencia del 95% en mujeres asintomáticas y 45% en hombres asintomáticos.
- Puede aparecer algo de inflamación en la rodilla, generalmente de poca intensidad.
¿Por qué puede aparecer?
La condromalacia rotuliana aparece cuando el cartílago se sobrecarga más de lo que el propio organismo es capaz de soportar, Existen múltiples causas que pueden ocasionar esto, a veces entremezcladas:
- Sobrecarga mecánica debido al sobrepeso, ya sea crónico, o bien por unas kilos de más ganados en un periodo temporal.
- Sobrecarga mecánica por actividades concretas repetidas en el tiempo: arrodillarse tiempo prolongado, hacer sentadillas con técnica incorrecta, permanecer largos periodos de tiempo sentado con rodillas flexionadas…
- Atrofia muscular del cuádriceps, debido a que se altera la correcta articulación de la rótula con el fémur.
- Mala alineación femoropatelar: anormalidad del deslizamiento patelar que conlleva tendencia de la rótula a salirse de su camino habitual sobre el fémur.
- Inestabilidad de la rótula sobre el fémur, con episodios de salida de la rótula parcial o totalmente de su carril de desplazamiento sobre el fémur.